sábado, 5 de febrero de 2011

Texto de ambientación del módulo de Vampiro

A continuación os exponemos un texto de ambientación para el próximo módulo de Vampiro la Mascarada. En él se cuenta información sobre él, así como las circunstancias en las que los jugadores serán convertidos. Más adelante, en el módulo ya se pormenorizará el sistema que regirá que tipo de vampiro serán:


Una vez más, en aquella hacienda solitaria y apartada, testigo muda de los horrores que en ella se han vivido, comienza a haber actividad. Los gules que trabajan atropelladamente en su acondicionamiento, hacen honor a una terrible tradición que lleva más de 500 años consumándose impúnemente. Durante un fin de semana, toda la Primogenitura de la ciudad, así como el Príncipe, se unirán en una harmonía abominable, dejando atrás cualquier enfrentamiento, desde la rencilla más vanal al conflicto más encarnizado. En esas noches serán todos hermanos en la destrucción, el asesinato y la depravación. Algo mucho más fuerte que cualquier diferencia de clan o ideología los mantiene en comunión: la Bestia que todos llevan dentro.

Empezó como una simple reunión diplomática impulsada por el príncipe de la ciudad, donde los diversos antiguos de Barcelona se reunieron para repartirse el territorio de manera efectiva y sin incidencias. Dicho encuentro se resolvió con éxito y cosechó grandes beneficios para la sociedad vampírica del lugar; de hecho, de ella nació el actual orden establecido. Siendo así, todos los antiguos de los diversos clanes acordaron celebrar una de estas reuniones cada 25 años, a las cuales llamaron "Exedras".

Lo cierto, es que nadie recuerda muy bien cómo algo tan encomiable evolucionó en la orgía de sangre y perversión que es hoy en día. Ningún asunto importante de la ciudad se debate ya en las Exedras. No hay lugar para el parlamento ni la política. Muy paradójicamente, estos encuentros conservan aún aquel nombre que antaño heredaran del espíritu conciliador y dialogante del antiguo pueblo griego.

Las "cenas" que tenían lugar mientras departían, cada vez adquirían un tono más oscuro, más macabro, más... salvaje. Los antiguos, sórdidos señores de la noche, comenzaron a regocijarse sin medida de la superioridad que ejercían sobre los mortales, aquellos que consideraban ganado. El acto de alimentarse adquirió una nueva dimensión de sadismo y divertimento para ellos. Exponían a sus presas a las más brutales y obscenas vejaciones. Los sometían a horribles pruebas y juegos de castigos severos, donde no podían ganar o donde hacerlo era incluso peor que perder. Eran ciertamente como un grupo de monstruos atormentando a un niño pequeño, relamiéndose y regodeándose en su crapulencia.

Las primeras veces llegaron a sentirse culpables, cual panda de borrachos que al día siguiente ve como la fiesta de la noche anterior había escapado de sus manos. No obstante, es sorprendente la rapidez con la que la vileza de la bestia infecta el espíritu de los cainitas. Las barreras morales no tardaron en desaparecer, destruidas por el salvaje placer de abrazar su lado más "libre". Se justificaban los unos a los otros, convenciéndose de que era una especie de terapia. Aquellas reuniones suponían la liberación de todas sus tensiones en un pequeño lapso de tiempo, como una válvula de escape del día a día. Creían que mirando cara a cara a la Bestia y conociendo su lado más oscuro podrían sobreponerse a él y vivir con corrección el resto del tiempo, según los dictados de la Mascarada. Cuán equivocados estaban...

En un atisbo fugaz de humanidad, como para exorcizar su ya casi inexistente sentido de la culpa, los antiguos acordaron abrazar a las víctimas de sus brutales juegos. Serían sus chiquillos y recibirían un trato preferente, quién sabe si en el fondo buscando su perdón. Muy poco duró esta resolución, pues sólo un grupo de seres humanos recibió esa falsa misericordia. La degeneración de los antiguos los corrompió incluso en ese aspecto. Las siguientes generaciones de ganado eran masacradas indistintamente, o abrazadas para luego ser abandonadas a su suerte.

Las dos primeras Exedras se realizaron con 25 años de diferencia. Sin embargo, sus participantes, no tardaron en acordar que se hiciesen con más frecuencia, cada 10 años. Pronto el plazo se acortó aún más, hasta los preocupantes 5 actuales. Los antiguos de la ciudad esperaban con ansia desmedida la celebración de la siguiente reunión, como el joven que vive únicamente para salir el fin de semana, o el drogadicto que se deshace en un placer tembloroso antes de tomar su siguiente dosis. Ante las experiencias de aquellas reuniones, cualquier otra caza palidecía y carecía de emoción. Aquellos cainitas se habían adentrado en un terreno demasiado peligroso para un miembro de la Camarilla.

Dentro de poco la próxima Exedra tendrá lugar y los preparativos para ella han comenzado. Los antiguos departen sobre ello animadamente en el Elíseo, emocionados y excitados al respecto. Tanto, que no reparan en su príncipe que, sentado en su trono, mantiene la mirada perdida con expresión melancólica. ¿Qué pensamientos se cruzarán por la mente del poderoso dirigente de Barcelona? El ganado para la celebración ya ha sido escogido y en él se encuentran los jugadores. Terribles experiencias les aguardan, vivencias que marcaran su vida y su no vida. Tras ellas no encontrarán ningún descanso, sino la eternidad de una maldición sangrienta. Bienvenidos a la noche barcelonesa...

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